Todos hemos tenido días malos en los que nos sentimos frustrados, cansados y sin ganas de nada, el desánimo ha llegado y no deseamos ni caminar, sentimos que las fuerzas se acabaron y que lo que hemos construido no es suficiente, pero más que pensar que no ha sido suficiente vemos que lo que soñamos está muy lejos, pareciera que no anhelamos luchar más. A menudo no sabemos que ha hecho que nuestras fuerzas cesen, quizás es lo tanto que hemos luchado lo que hace que nos sintamos exhaustos.

En aquel momento tenemos un problema que debemos atacar de frente y en el menor tiempo posible, pues no podemos permitir que las nubes grises nos disuadan de pensar en el radiante sol que hay tras ellas. El desánimo provoca que nuestra mente libre una batalla, y hay que saber cómo combatir ese desaliento, por eso en esta entrada sin ser psicólogo o un experto en el tema, te comparto 3 cosas sencillas que te ayudarán:

1. Lee un buen libro

Si algo tengo claro es que no existe libro alguno como la Biblia, en el encuentras toda la verdad sobre la vida y como enfrentarla, de cada personaje y situación puedes aprender algo para aplicar a tu vida. La palabra de Dios dice “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” 2 Timoteo 3:16-17

No tengo ninguna duda de que cuando leemos la Biblia estamos escuchando la misma voz de Dios, a través de ella entendemos que las luchas y dificultades que vivimos en esta tierra son temporales y aprendemos la manera en que Dios quiere que hagamos las cosas. Cuando leemos la Biblia en momentos de desánimo podemos recordar todas esas maravillosas promesas que Dios nos ha dejado para brindarnos esperanza en cualquier circunstancia.

2. Habla con alguien

“En todo tiempo ama el amigo, Y es como un hermano en tiempo de angustia.”  Prov. 17:17

Un ejercicio sencillo que nos puede hacer sentir mejor y nos brinda algo de coraje para sobrellevar el desaliento, es hablar con un amigo.  En tus amigos puedes encontrar consejo, una palabra de aliento o un simple abrazo que te demostrará su amor. Me ha sucedido que cuando estoy en una encrucijada, acudo a mis amigos, sin embargo, mientras les cuento toda la situación puedo tener claridad y encontrar yo mismo una salida a mi problema, pero el hecho de contar con la disposición de ellos por escuchar es algo que en definitiva me ha hecho sentir mejor.

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3. Reenfócate

Siéntate y reflexiona sobre lo que has conseguido, piensa en cada uno de los obstáculos que has podido superar para llegar a donde estas, recuerda esos momentos que te hicieron profesar felicidad, quizás eso te haga sentir mejor, pero ante todo reenfoca tu mirada en Jesús y en su sacrificio perfecto en la Cruz. Soy un fiel creyente de que cuando quitamos nuestra mirada de Jesús como lo hizo Pedro al estar caminando sobre las aguas, empezamos a hundirnos. ¿Qué hay que hacer? Volver a colocar nuestra mirada en Jesús para ver como él nos está extendiendo su mano para ayudarnos.

Transitar por esta vida con la mirada puesta en Jesús nos lleva a tener la confianza de que todo estará bien pues el problema más grande (el estar separados de Dios) se ha resuelto al Jesús tomar nuestro lugar en la cruz.  “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.” Hebreos 12:2

Oro para que tu mirada esté puesta en Jesús y que el desánimo que puedas estar pasando sea una oportunidad para profundizar tu relación Él. Nadie nos podrá entender, consolar y ayudar mejor que Él, te animo a orientar tu vida a cumplir con su voluntad.

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